SALIDA RÁPIDA
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Película
Póster Fue solo un accidente

Ficha Técnica

Director: Jafar Panahi

Guion: J. Panahi, M. Mahmoudian

Año: 2025

Galardón: Palma de Oro (Cannes)

TEPT Dilema Moral Resistencia

Fue solo un accidente (2025)

El dilema desgarrador entre la justicia, la rabia y la misericordia.

Por Karen Socorro

Curaduría · Botiquín Cultural

Fue solo un accidente (Yek tasādof-e sāde, 2025), escrita y dirigida por Jafar Panahi, ganadora de la Palma de Oro en Cannes y primera película iraní nominada a Mejor Película Dramática, Mejor Director y Mejor Guion en los Golden Globes. Si bien la película no tiene como tema principal la violencia sexual, la aborda como parte del conflicto. La historia se centra en un grupo de personas que estuvieron en la cárcel y fueron torturadas por el gobierno de Irán debido a su disidencia política.

Uno de ellos encuentra a un hombre que cree reconocer como su torturador y lo secuestra. De ahí, se generan una serie de situaciones, entre cómicas y trágicas, que se resumen en el dilema moral de cada integrante sobre qué hacer con él. La película no moraliza sobre una vía "correcta", sino que pone sentimientos muy humanos a flor de piel: el dolor, la rabia, la impotencia, la culpa.

La memoria sensorial y el trauma

Lo que hace que el dilema sea tan desgarrador es un detalle que Panahi construye desde el inicio: ninguno de los sobrevivientes vio jamás la cara de su torturador porque permanecieron con los ojos vendados durante todo su cautiverio. Solo pueden reconocerlo a través de los sentidos — el sonido, el olor, el tacto.

Cada uno trae un método distinto de identificación sensorial, lo que significa que sus juicios están profundamente influenciados por el instinto y la emoción más que por la lógica. ¿Es realmente él? ¿Basta con lo que el cuerpo recuerda? La película instala esa duda y no la suelta nunca.

Me parece relevante debido a que está basada en las vivencias propias del director, por lo que el tratamiento del TEPT es orgánico y real. Panahi ha contado que durante sus interrogatorios siempre llevaba una venda en los ojos y estaba de cara a la pared con un papel en la mano, respondiendo preguntas que alguien hacía detrás de él:

"No sabía quién era. Solo escuchaba su voz o sus movimientos al caminar. Y siempre quise saber quién era, saber cómo se veía. Y si lo viera fuera de ahí, ¿lo reconocería o no?"

Esa pregunta personal — ¿reconocería a mi torturador si lo encontrara en la calle? — es el motor de toda la película.

Cine como resistencia viva

Panahi fue arrestado en 2022 tras una sentencia de 2010 que incluía seis años de prisión y una prohibición de veinte años para hacer cine. Fue liberado tras casi siete meses y una huelga de hambre. Pero no salió solo: compartió celda con otros presos que no habían visto el mundo exterior en cinco o seis años, que le contaron su dolor y su sufrimiento, que comieron con él y caminaron en el patio con él. Y cuando salió, sintió que cargaba un peso sobre los hombros. La película es ese peso hecho ficción. Los distintos personajes y personalidades en pantalla parecen reflejar fragmentos de los propios pensamientos y emociones conflictivos de Panahi.

El coguionista, Mehdi Mahmoudian, es un periodista y activista de derechos humanos que ha pasado una década entrando y saliendo de la cárcel. Panahi le pidió que viniera al set porque conoce íntimamente cómo actúan los interrogadores: cuándo tienen risa histérica, cuándo se calman, cuándo muestran fuerza, cuándo humillan. Esa colaboración entre cineasta y sobreviviente le da a la película una textura que no se puede fabricar desde la imaginación.

La ambigüedad ética de la justicia

No es una película que te manipula para sentir dolor, sino que juega con la incomodidad para dejar una postura clara: resulta traumático, como víctima, tener que decidir qué hacer y qué es la justicia, fuera de discusiones teóricas, en una vivencia personal. Cada decisión de los personajes es un estudio en ambigüedad ética que subraya la pregunta central: ¿puede la violencia alguna vez resolver verdaderamente la injusticia? Uno de los personajes, Shiva, lo condensa en una frase que funciona como brújula moral de la película:

"No es porque ellos hayan recurrido a la violencia que nosotros también debamos hacerlo."

Pero Panahi no convierte esa frase en tesis; la pone a competir con la rabia legítima de los demás, y deja que el espectador sienta el tirón en ambas direcciones.

La película resiste ofrecer respuestas fáciles, dejando al espectador confrontar la incómoda tensión entre justicia y misericordia. Al mezclar realismo emocional con humor negro, Panahi arrastra a la audiencia a un espacio moralmente incómodo donde la línea entre la rectitud y la crueldad se difumina. Lo cómico no trivializa el dolor; lo hace soportable. Las situaciones absurdas — transportar al cautivo mientras atienden eventos de la vida cotidiana, discutir a gritos dentro de una camioneta repleta de gente vestida de gala — revelan que la vida no se detiene para que la justicia se resuelva. Todo sigue. Todo coexiste. Y eso es parte de la crueldad.

La película está filmada en un estilo naturalista, usando los espacios abiertos del desierto y primeros planos asfixiantes dentro de la camioneta. Esas escenas interiores se sienten como un mundo completamente distinto, quizás otra forma de prisión. Panahi filmó en secreto en Teherán y sus alrededores, a pesar de las restricciones gubernamentales. El acto mismo de hacer la película es, en sí, un acto de resistencia que espeja el dilema de sus personajes: ¿cuánto estás dispuesto a arriesgar por lo que consideras justo?

El sinsentido del proceso

Recomiendo la película sobre todo a personas que se encuentran en un proceso penal, pues plantea la pregunta "¿Para qué?". Se adentra en el sinsentido de la búsqueda de justicia como propósito ulterior y llega de manera casi agónica a la resignación de que el pasado no se puede reescribir.

Panahi ha dicho que, sin importar cuán enojados puedan estar sus personajes con una persona, al final del día van a elegir la no violencia sobre la violencia. Pero esa elección no trae paz. Trae otra clase de peso. El sonido escalofriante de una pierna ortopédica que rechina está condenado a perseguir a Vahid para siempre.

Considero que tiene tantas interpretaciones como espectadores. En lo personal, me quedo con el amargo gusto a la respuesta. En el contexto de la continua agitación política en Irán, la película subraya el sentimiento de que no hay respuestas fáciles. Y quizás esa sea su mayor honestidad: no pretender que las hay.

Análisis por Karen Socorro
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