Atleta A (Athlete A, 2020), dirigido por Bonni Cohen y Jon Shenk, es un documental en formato tradicional que narra la problemática de violencia sexual dentro del ecosistema de la gimnasia artística olímpica en Estados Unidos. Cuenta con un índice de aprobación del 100% en Rotten Tomatoes, cuyo consenso lo describe como "visión desgarradora pero esencial que arroja una luz implacable sobre los abusos horribles, así como la cultura que les permitió continuar sin cesar durante años".
Muestra el caso que comenzó la investigación periodística minuciosa contra Larry Nassar, médico de las atletas durante 29 años, quien fue acusado de conducta sexual inapropiada por parte de una menor de edad. El título del documental proviene de Maggie Nichols, identificada en los documentos judiciales como "Atleta A": una gimnasta que era considerada una estrella en ascenso y estaba en camino a los Juegos Olímpicos cuando sus sueños se derrumbaron después de reportar el abuso de Nassar en 2015.
Conforme avanza el caso, además de mostrar las repercusiones en la víctima Maggie, se adentra en la avalancha de acusaciones que comienzan a salir a la luz a raíz de la chispa que encendió con sus palabras. Para cuando Nassar fue a juicio, 125 mujeres habían aceptado comparecer en la corte para presentar sus testimonios de impacto.
El contexto: la Guerra Fría y el modelo Károlyi
Es interesante porque se adentra en el contexto social y político de EE. UU. que llevó a la gimnasia a ser lo que es. Entre tensiones con la URSS durante la Guerra Fría y el desenvolvimiento de la gimnasia como producto comercial para las marcas y producto cultural para el Estado y el nacionalismo. El documental traza la disfunción hasta Béla y Márta Károlyi, quienes habían alcanzado la fama con el triunfo de su gimnasta rumana de 14 años, Nadia Comăneci.
Los Károlyi salieron de la Rumania de Ceaușescu y trajeron a Estados Unidos un modelo de entrenamiento con una severidad que rayaba en la crueldad. El campamento en Texas parecía idílico, pero ningún padre tenía permitido poner un pie ahí — lo cual debería haber sido una señal de alarma. Adentro, los Károlyi atormentaban a las gimnastas adolescentes sobre su peso, las llamaban perezosas, las trataban como máquinas que debían empujarse al límite y más allá. Esa información contextual no es accesoria: es la arquitectura que hizo posible a Nassar.
La fachada de la confianza
Dentro de esa fortaleza militar de entrenamiento, Nassar era, según el documental, la única figura de autoridad amigable para las niñas — un tipo amable y torpe que a veces les pasaba comida y dulces a escondidas. Nunca les daba amenazas explícitas. Siempre mantuvo la ficción de que era su amigo. Y ahí radica lo más perturbador: el abuso no se ejerció desde la intimidación sino desde la confianza.
"El error es pensar que nadie habló antes. Durante casi 20 años, las víctimas se acercaron a sus padres, a la policía, a sus entrenadores y a los líderes de las organizaciones donde entrenaban. Nadie les creyó. Nadie las escuchó. Esa ha sido nuestra cultura: silenciamos, minimizamos e investigamos a las sobrevivientes, no a los agresores."
— Productora del documental.
Violencia estructural y encubrimiento institucional
En este sentido, lo valioso del documental radica en la visibilización de una estructura violenta que alienta y permite la sexualización de niñas y adolescentes gimnastas. Si bien se enfoca en el caso de Nassar, tampoco lo muestra como un chivo expiatorio aislado, sino que señala que la violencia que este hombre ejerció fue posible debido a una serie de condiciones y personas que permitieron y escondieron estas conductas.
Lo más importante para los realizadores fue que la película no fuera simplemente una pieza sensacionalista, sino que contara esa historia con claridad y la vinculara con la cultura más amplia de abuso. La analogía que el documental construye es directa: el encubrimiento de los crímenes de Nassar fue análogo a los escándalos de abuso sexual de la Iglesia Católica — la protección sistemática de abusadores por parte de una organización de extraordinario poder.
Y un detalle que revela el funcionamiento de la maquinaria institucional: cuando la madre de Maggie alertó a un oficial de USA Gymnastics, la noticia llegó a Steve Penny, el CEO de la organización, quien estaba legalmente obligado a alertar a las autoridades. En vez de eso, contrató a una firma externa para conducir una investigación privada. Penny estaba protegiendo a Nassar, pero lo que realmente protegía era la marca de USA Gymnastics, que generaba 12 millones de dólares al año.
El papel del periodismo y las secuelas invisibles
El papel del periodismo de investigación es central en la narrativa. Los reporteros del Indianapolis Star son presentados no como héroes abstractos sino como profesionales meticulosos que conectaron puntos durante meses. El documental muestra cómo periodistas, investigadores y abogados pueden convertirse en aliados, exponiendo y procesando a los perpetradores a pesar de las potenciales amenazas a su seguridad.
El documental también señala que, para muchas de estas gimnastas, el abuso de Nassar fue su primera experiencia con actos sexuales, y expone cómo ese tipo de abuso puede dañar la capacidad de disfrutar la sexualidad con sus parejas en el futuro. Ese apunte — mencionado brevemente por un abogado en el documental — es una de las dimensiones menos discutidas de la violencia sexual infantil y merece ser subrayado.
Lo que falta: el camino de la denuncia y la prevención
Advertencia: Considero que este documental puede ser especialmente difícil para mujeres que fueron agredidas en el ámbito deportivo, por lo que no recomiendo verlo en un momento de crisis.
Sin embargo, considero que es necesario, puesto que muestra que la mejor resistencia es la palabra y, tomando prestada una consigna feminista, hacer que el miedo cambie de bando. Pues la vergüenza debe corresponder al agresor y nunca a las víctimas. Lo que resulta llamativo del tono del documental es su calidez redentora. Aunque los detalles son escalofriantes, es como si se hubiera abierto un espacio catártico para estas jóvenes y sus familias para explicar lo que vivieron.
Al enfocarse en el caso en general, no muestra el proceso de denuncia de las víctimas además del apoyo por parte de los medios. Si bien no era la intención y el documental cumple con sus objetivos, es importante para las expectativas como espectadoras, pues puede generar cierta sensibilidad si se está en un proceso penal.
Una crítica válida es que el documental mantiene un foco que es todavía demasiado estrecho: nunca aborda ni informa a la audiencia sobre qué se puede hacer para asegurar que las organizaciones que trabajan con jóvenes protejan a los niños.
Es una observación importante: el documental es extraordinario en lo que muestra, pero lo que no muestra — las herramientas concretas de prevención, los mecanismos de denuncia accesibles, el acompañamiento posterior — es precisamente el espacio que organizaciones como Cosiendo Alas pueden y deben llenar.