La Furia (2025), segundo largometraje de la directora barcelonesa Gemma Blasco, es una película visceral que surgió del enojo de la directora al no encontrar representaciones culturales acordes a su propio sentir con su experiencia de la rabia.
La película no es autobiográfica, pero sí parte de algo que Blasco vivió: fue agredida sexualmente a los 18 años. Blasco ha declarado que "esta no es una película sobre la superación de un trauma, sino sobre la oscuridad que este genera. No está contada desde la delicadeza ni la fragilidad. Ni mucho menos desde lo panfletario".
"Se acerca a una furia que nosotras, las mujeres, también llevamos por dentro y tenemos derecho a transitar. Esta película es mi venganza creativa y me moría de ganas de contarla gritando, rugiendo, desde la garra."
La víctima imperfecta y la búsqueda de poder
A manera reactiva, muestra la agresión y explosividad a través de imágenes. Considero que las imágenes estuvieron bien logradas en cuanto a que se muestra sin vergüenza su actuar errático, la remoción con el enojo como impulso, que desestigmatiza a la mujer que siente rabia. Sin duda, se supera a la víctima indefensa y se presenta en pantalla a una mujer que, lejos de paralizarse, actúa con el motor de la furia.
Blasco ha explicado que Medea le interesa precisamente porque es "la víctima imperfecta": le han causado mucho dolor, pero ella también ejerce muchísima violencia. Lo que hace es apropiarse de su dolor y decir "este dolor es mío". Eso, que es indefendible en la vida real, resulta fascinante como representación de una mujer que busca su posición de poder dentro del sufrimiento. Y eso es exactamente lo que la película hace con Álex: no la convierte en heroína ni en mártir, sino en una mujer furiosa que no pide permiso para estarlo.
Para Blasco, la furia es una emoción que las mujeres tienen derecho a transitar, a sentir. "Esto no significa que haya que ejercer la violencia, pero es una emoción que está ahí y que tenemos derecho a transitar". El título mismo tiene una doble carga: por un lado, la emoción; por otro, las Furias son la personificación de la venganza en los mitos, lo cual conecta íntimamente con la parte teatral de la película.
La metáfora de la caza y la degradación
La metáfora más potente es la del jabalí que su familia cazó y cómo ella forma parte de ese ritual de despellejamiento y cocción. Paralelo a la percepción del propio cuerpo, muestra sin tapujos el desagrado que se siente ante el cuerpo después de verlo degradado e indefenso ante la impotencia en contra de la violencia ejercida.
Blasco ha contado que la caza aparece en la película porque la ha vivido en su pueblo desde pequeña. La escena del destripe del jabalí conecta con lo que está viviendo Álex, y funciona para comprender a su personaje. Además, la caza funciona a través de los roles: en una batida está el que manda, el que enseña, el aprendiz, el que es cazado y quien caza. Esa estructura de poder — quién tiene el cuchillo, quién está sobre la mesa — es la misma que la película explora entre los personajes. La búsqueda de agencia y reapropiación mediante el enojo son imágenes potentes que casi no se muestran en pantalla.
La sangre, los animales sacrificados, la puesta en escena de Medea no funcionan como elementos decorativos sino como detonantes dramáticos que activan la furia contenida de una víctima obligada a explicar su sufrimiento. La película también toca algo que pocas abordan con esta franqueza: cómo la red de apoyo puede fallar. Los cuestionamientos de Adrián no son solo desafortunados: son estructurales. Revelan cómo incluso los lazos más íntimos reproducen la lógica del descrédito. El hermano, consumido por la culpa de no haberla protegido, reacciona con la rabia que él cree legítima pero que termina alejándolo de lo que Álex necesita. El dolor no solo afecta a la víctima, sino que se propaga a su entorno y transforma las relaciones interpersonales.
El sonido del trauma y las preguntas sin respuesta
Hay una decisión formal que merece señalarse: la escena de la agresión sexual tiene lugar completamente a oscuras, dejando que sea el sonido el que construya la imagen. Esto provoca que el espectador imagine lo que está ocurriendo, algo que resulta más efectivo y terrorífico que mostrarlo. Blasco ha sido clara sobre esto: "No hay que generar más imágenes sobre violencia sexual hacia las mujeres". La película elige otra ruta: mostrar la rabia, no la violación.
Hay una pregunta que la película deja abierta al espectador: "¿Por qué seguimos haciendo las mismas tragedias una y otra vez?" Blasco ha dicho que es una pregunta sin respuesta, que lleva a un callejón sin salida. Esa honestidad — plantar la pregunta y no pretender resolverla — es parte de lo que hace a La Furia una película incómoda por las razones correctas.
La honestidad del rechazo personal
En lo personal, me pareció lenta (pese a que esa era la intención) y pretenciosa. La protagonista es una actriz de teatro que canaliza su dolor a través de la tragedia Medea. Al no conocer la historia a fondo, me costó conectar ambas historias. Y si bien se explica el paralelismo, no terminé de entender su metáfora ni conectar con la protagonista.
Para quien quiera acercarse a La Furia con más contexto: Medea es una mujer de la mitología griega a quien Jasón — su esposo, a quien ella sacrificó todo por ayudar — abandona por otra mujer. En respuesta, Medea comete un acto de venganza extrema e indefendible que le devuelve el poder sobre su propia historia. Lo que Blasco hace con esa referencia es mostrar a Álex flirteando con la idea de venganza — no con el hecho, sino con el concepto, desde la ficción. A su vez, hay una especie de paso de relevo entre generaciones cuando Ana Torrent, la directora de la obra en la ficción, conecta con Álex: las tragedias que seguimos repitiendo las reescribimos y adaptamos al momento social que estamos viviendo.
Asimismo, considero que termina siendo un rape revenge deslactosado y no me gusta el género. Mi calificación se ve ampliamente influenciada por mi proceso personal, donde el enojo y la venganza no me han ayudado. Esa honestidad de la reseñista es, en sí misma, valiosa: no todas las representaciones funcionan para todas las personas, y eso no invalida ni a la película ni a quien la ve.
La crítica ha reconocido que la película es "tan interesante como excesiva" y que "peca de un exceso que acaba saturando", pero que si sostiene su intensidad es gracias a la entrega total de Ángela Cervantes, quien ganó la Biznaga de Plata a Mejor Actriz en el Festival de Málaga por este papel.
No obstante, considero que es necesario tener diversas representaciones, pues no encasilla a las víctimas y muestra la gran variedad y complejidad de las dimensiones emocionales que habita una persona. En lo personal, no la volvería a ver. Sin embargo, considero que muchas personas pueden encontrar una representación más personal en ella, ya sea como proceso en general o como consuelo en una etapa determinada del proceso. Como escribió una crítica:
"La náusea y la arcada. El asco y la incomodidad. Lo repugnante y lo desagradable. El principio de La Furia es todo eso y más. Y lo es porque debe serlo. Porque, si lo que se cuenta son las consecuencias de una violación, el relato no debe ser agradable".